miércoles, 25 de diciembre de 2019

El b̶u̶s̶c̶a̶d̶o̶r̶ rebuscador

Chelo Dona·Sábado, 10 de diciembre de 2016·Tiempo de lectura: 4 minutos

(El texto original es de Jorge Bucay. Me permití adaptarlo un pelín, espero que él no se enoje -si no tendrá que descontar tiempo de su libreta)

Un día un b̶u̶s̶c̶a̶d̶o̶r̶ rebuscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir.

Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.

De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.

El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que lo guiaran sus ojos, que eran los de un b̶u̶s̶c̶a̶d̶o̶r̶ rebuscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … "Abdul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días". Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar…

Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía "Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas". El b̶u̶s̶c̶a̶d̶o̶r̶ rebuscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida.

Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba los 25 años.

Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. - No ningún familiar - dijo el b̶u̶s̶c̶a̶d̶o̶r̶ rebuscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños y jóvenes muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?

El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre.

Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan un celular, como este que tengo aquí, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, toma el celular y le saca una foto, la edita un poquito y la sube a Instagram. ¿ Dónde conoció a su novia y se enamoró de ella? En Facebook, en Pinterest? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de chatear con ella?…Una semana?, dos?, nueve semanas y media?… Y después… el video del primer beso ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos?, ¿Una hora? ¿y los clips de la fiesta de despedida de soltero…?, ¿y las fotos del viaje más deseado…?, ¿y el videollamado con el hermano que no vuelve de un país lejano…? ¿Cuánto duró el registrar estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así vamos registrando en la web cada momento. Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre bajar los resúmenes de facebook y google, y sumar el tiempo de lo navegado en las redes sociales, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido...


//El cuento original es de Bucay, que espero esté de acuerdo con el trasandino Neruda en que el arte es pal que lo ande necesitando.

En cuanto a gOOGLE, Facebook, Instagram, Pinterest, pertenecen a sus respectivos dueños. Nosotros también.

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