miércoles, 25 de diciembre de 2019
De Calabazas
Dice García Márquez que los mayas tenían en tanto a las palabras, a los nombres de las cosas, que hasta tenían un dios para ellas.
Probablemente ese (lindo) texto de García Márquez esté medio errado: dudo que los mayas tuvieran dioses, en el sentido en que los cristianos dicen dioses.
Incluso me atrevería a dudar de que tuvieran lo que un cristiano llama “palabras”. Pero no deja de ser un lindo texto garciamarquiano.
El que sigue –no es de él, ni mío- también es lindo.
«Durante el mes de Yaxk'in comenzaron a prepararse para un gran festival, el Yolob u zab kam yak, o Festival de la Administración del Azul, que se realizó en Mol.
Después que se reunieron en el templo y realizaron las ceremonias y quema de incienso que hacen en otras fiestas, se pusieron a pintar de azul todas las cosas de todas sus actividades, desde los sacerdotes hasta los husos de las mujeres y las columnas de madera de sus casas.
Para esta fiesta reunieron a todos los niños y niñas de la ciudad; y en lugar de sahumados y ceremonias, le dieron a cada uno de ellos nueve golpes leves en el dorso de las articulaciones de las manos; para las niñas, los golpes fueron dados por una anciana, vestida con un vestido de plumas, que las llevó allí, y por este motivo la llamaron Ix Mol, es decir, la conductora.
Les dieron estos golpes para que pudieran convertirse en trabajadores hábiles en las profesiones de sus padres y madres.
El final de esta ceremonia fue un buen banquete de borrachos, habiéndose comido las ofrendas, aunque hay razones para creer que la anciana devota se llevó consigo los medios para emborracharse a su propia casa, no sea que perdiera en el camino las plumas propias de su oficio»
Quien así bonito lo cuenta, porque lo vio en el mil quinientos tanto, es Diego de Landa, obispo evangelizador de Yucatán.
En el siglo XX esta ceremonia «todavía se practica en muchas comunidades», nos dice Villa Rojas. Detalles que quizá se le pasaran –o no le contaran- al obispo Landa:
En el moderno Hez Mek le dan a probar al niño un huevo (“he”, palabra que también significa “abrir”), para que “se abra o despierte su comprensión”; un “caya”, para que aprenda a dividir (“xay”) sus pensamientos y “que sepa ver los dos lados de todo”; le dan “k 'ah”, (ananá), “para darle buena memoria [k'ah]” y le dan semillas de calabaza, “top”, “para hacer florecer su inteligencia” [top'ol].
Quizá el obispo Landa, quemador de indios, de herejes y de códices, no vio estos detalles, o los consideró insignificantes, cuando registró con lindo estilo los recuerdos del antiguo Yucatán.
Quizá no se los contaron por las dudas – esta gente, que juega con las palabras como si fueran tzicli, es tan tímida a veces.
Semillas de calabaza para todos y todas.
• Landa: (Landa, “Relación de las cosas de Yucatán”; Tozzer 1941 p158-159); (Villarojas, 1945, p145)
• Hets-mek: (Mendez 1921: 187; Thompson 1930: 110-111; Pacheco Cruz 1934: 62-63; Redfield y Villa Rojas 1934: 188-190; Villa Rojas 1945: 144-145)
• Pobres Schellas, Thompson, Schelle, Taube: los dibujos que identifican como dios A, dios B, etc, ya eran percibidos como dibujos de “actores” por Fewkes en 1893.
Dona, 13 Dic 2018
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