lunes, 30 de diciembre de 2019

LA MUSICA


Hoy me acordé de un libro de Saramago, llamado "Todos los nombres".

Con esto de seguir arruinando sorpresas a los que no han leído, "Todos Los Nombres" es la historia de un hombre que rescata a su amada de entre los muertos.

Es una versión maravillosa, quizás la más maravillosa, del mito de Orfeo.

Otro que desciende a los infiernos es Quetzalcóatl, pero este lo hace para reinventar a los humanos. Quetzalcóatl, viniendo con los esqueletos necesarios, tropieza y se le va todo al diablo. Mira los huesos desparramados, desordenados, quizá algunos perdidos.

"Bueno, el plan ya falló, lo haré igual a ver qué sale", dice Quetzalcóatl. Y nos inventa a nosotros, que por eso somos como somos.

Y Orfeo?

Orfeo es un cantor enamorado que enfrenta a la muerte para rescatar a su amada.

Orfeo era músico y muy bueno. Un día conoció a Eurídice, y ambos se enamoraron.
Cuando iban a casarse, otro admirador de Eurídice, no vamos a preocuparnos de su nombre, intentó raptarla. Ella pudo escapar, pero mientras huía una víbora la mordió.

Eurídice muere.

La historia debería terminar allí, pero…

Orfeo no acepta perder a su amada. Va al límite de la Muerte, y pide al Barquero que lo transporte a los infiernos. Éste naturalmente se niega, pero Orfeo toca su música y el barquero le concede ese favor.

En las puertas de los infiernos, también la lira de Orfeo le abre camino frente al terrible Cerbero, el perro que las cuidaba de todo intruso.

Orfeo llega hasta Hades, el dios de los muertos. Orfeo toca y canta. Hades y Perséfone se conmueven y ceden. Eurídice puede volver con los vivos.

Hades advierte a Orfeo que él debe ir adelante y no debe volverse a mirar a Eurídice hasta que la bañe el sol fuera de los infiernos.

Orfeo parte con su amada hacia la tierra de los vivos. En realidad no sabe si ella lo sigue atrás o no.

Cuando pasan la última puerta, Orfeo no puede más con su deseo y su ansiedad, y se vuelve para mirar a su amada. Eurídice aún tiene un pie en las sombras de la tierra de los muertos.

Ella se transforma en ese mismo instante en una sombra, y vuelve al Hades para siempre. Él, mientras tanto, es expulsado a la tierra de los vivos, donde desde entonces deambula sin paz.

* Igual pueden leer "Todos los nombres": así como Pesoa es un hombre de colores, Saramago es un poderoso constructor de pequeñas trampas.

** Platón piensa que Orfeo fue un cobarde, tratando de hacer las cosas de maneras retorcidas.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Gene Fene Meme

Gene Fene Meme

"La historia no es quizá más que la historia de la distinta entonación de las mismas metáforas" reza el Yoryiboy; no me acuerdo, ni importa, si habla de la historia de la literatura o de la historia de las guerras.

1 Cuando escuchamos "Corbata rojo punzó" del Hugo Varela no podemos sino remitirnos a la situación planteada por el Chespir en su obra dedicada a uno de los Enriques ingleses, donde este señor rey ofrece su reino por un caballo que lo saque, como ciudadano llano y cualunque ya, del lugar adonde rey lo van a matar.

2 En su obra el señor Varela recuerda haber adquirido, o le regalaron quizá, que ni corbatas ni reinos muchas veces uno sabe de dónde vienen, una corbata muy bella. 2.1 Nadie dice que la prenda fuera muy útil, al menos al principio del relato, pero linda era linda. 2.2 Era un objeto de ornato, susceptible de serios gravámenes en las sociedades que juegan, contra las sugerencias del Marx, a imponer alícuotas altas a los gastos superfluos.

3 Como el Enrique del Chespir, también el Varela, en este caso protagonista de su propio relato, termina sacrificando el objeto más costoso (la corbata) para sustituir un elemento más trivial como es el papel higiénico, tan necesario para quienes, salvajes westeros, no nos lavamos el culo cada vez que cagamos.

4 Con la salvedad de que el señor Varela tiene éxito en su costoso sacrificio, ambas historias muestran un paralelo notable. 4.1 El rey protagonista de la versión inglesa también intenta hacer una sustitución que en general parecería desventajosa, pero en su situación particular se transforma en muy conveniente -si bien no es sucesful en su intento, por lo que su historia no es autobiográfica, la tiene que contar otra persona lo cual hace ganancia a la fama del británico literato precursor del Chespirito.

5 Inglaterra existe, o ha existido, que si estamos a ocho minutos del sol estamos a buena parte de un segundo de Inglaterra, mal puedo yo saber las cosas antes que la luz, y también hubo corbatas desgraciadamente, y caballos, inocentes de quienes los hayan montado. 5.1 Hubo barcos, que no tienen aquí, se me dirá, nada que ver. 5.2 El papel higiénico existe.

6 Un poco de todas estas historias es realidad, un poco es ficción, de eso se tratan los cuentos en torno a la hoguera del clan, de eso se trata y se tratará entonces la literatura. 6.1 La habilidad del cantador, del decidor, del escribidor, es llenar las oscuridades con bellas llamaradas como hace el fuego en la noche, para que olvidemos el frío, la mortalidad y nuestra ignorancia de lo pasado, pasando y porvenir, que acecha todo alrededor. 6.2 Está bueno cuando llega el día y lo que vemos, lo que vivimos, es otra versión, radiante y firme, de lo que hemos oído en torno al fuego.

7 Literaturas hay, según los cánones de hoy menos logradas, que atribuyen a un muerto contemplar su propia sepultura, y por si fuera poco entretextan en la misma historia una prohibición de hablar e interactuar con muertos atribuida al mismo muerto cuando estaba vivo. 7.1 Este tipo de cosa dificulta desgranar en tales libros la parte seria de la jocosa o simplemente demasiado artificial y mal mentida. 7.2 Lo cual, adivinará el lector, no es para mí una cosa criminal.

8 La literatura, como su padre el cuento, tiene una relación muy fuerte con la imaginación. 8.1 Qué es la imaginación? 8.3 La capacidad de un ser vivo de generar un metaorden, una “imagen” de algo. 8.4 Tiene ella algo que ver con que consideremos a ese complejo químico maestro un ser vivo. 8.5 Tiene que ver con el desarrollo de una hoja de papel o pizarra o pentagrama, pero dentro del alma, de la cabeza, del corazón de uno. 8.6 O quizá en algunos esa “ram”, ese formateo, es más sonoro. 8.7 O quizá oloro. 8.8 Los olores despiertan cosas muy fuertes, los olores que nos recuerdan a la infancia nos traen momentos, sentimientos, personas, son muy poderosos. 8.9 El olor de alguien, o de los zapatos o los libros cuando son nuevos, o de los juguetes. 8.10 Esa es una forma muy primitiva (no como menos, lo primitivo es más: dios es primitivo, nosotros somos apenas nuevos accidentes) de imaginar, las más recientes están, en los humanos, más relacionadas con la palabra escuchada o leída.

9 En la era de los dinosaurios a algunos seres comenzó a sobrarles neurona para algo más que procesar las posibilidades inmediatas de lo que estaban viendo, olfateando y oyendo. 9.1 Fue prácticamente un error de cálculo de la naturaleza de nuestros lejanos abuelos, que inspirada por lo que pasaba alrededor fue sumando capacidad nerviosa porque le hacía falta, porque andábamos cortos. 9.2 En un momento dado exageró un poquito. 9.3 Diez gramos, quince, too much brain. 9.4 Si bien todo se paga, ya lo ha notado el Buda, este pifie terminó sirviendo para algo. 9.5 Ya que tenemos toda la neurona necesaria para manejar nuestro cuerpo, para pensarlo apenas donde ahora no está, pero puede estar, que es todo lo que ha llegado a captar nuestra piel, nuestros sensores de luz y calor, nuestros ojos sobre todo, que no somos Mahucutaj, pues ahora qué haremos con ella. 9.6 No sé si dijo “un Buda” el paramecio primordial. 9.7 Pero el error debía ser, y fue, como venía siendo desde que la A tropezó con la D y esta con la N. 9.8 Y eso fue más o menos útil, y como cada vez que algo fue más o menos útil para contextuar, el error tendió a mantenerse. 9.9 El error que llamamos “imaginación”. 9.10 El error que llamamos “inteligencia”. 9.11 Carl Sagan hace hincapié en esto en su bello “Dragones del Edén”, bueno como todos sus libros. 9.12 Bueno y bello, y mínimo en ello, como definen la verdad los matemáticos. 9.13 Habráse visto definición más bella. 9.14 Dónde termina el arte y comienza la ciencia? 9.15 Señor taxista, éste es su día, sé a dónde quiero ir, pero no se lo voy a poder decir exactamente, ni siquiera puedo decirle si vengo o si voy.

10 A veces interpretamos “imaginación” como “crear” nuevas situaciones, no sólo recordar, a veces pretendemos que estas situaciones sean forzosamente distintas a las que ya hemos visto. 10.1 Ahí el tipo “es un artista”, “crea”, es “talentoso”. 10.2 Pero no hay un punto en que termine el recordar (volver-a-poner-en-el-corazón) y comience el imaginar, como no lo hay uno donde termine el considerar opciones y comience el crear-desde-la-nada. 10.3 Sólo lo hacemos en distintos momentos de la historia, y elegimos nuestros hilos en distintos puntos del tejido, y trenzamos con mayor o menor o distinta habilidad. 10.4 Quizá esta “originalidad” tenga más que ver con que no somos Mahucutaj ni sus pocos socios (no podemos , al menos sin la notebook y google, ver hasta el infinito) que con un acto de creación. 10.5 Es más rareza, propuesta, lejanía en la rueda, intención de movimiento, que verdadera originalidad, discontinuidad.

11 Pensemos. 11.1 Hagamos un alto en estas especulaciones sobre el pensamiento, la vida, la imaginación, y simplemente pensemos. 11.2 Una palabra verdaderamente original no la entendería nadie. 11.3 Una canción realmente original no le gustaría a nadie. 11.4 Peor que el Eschonberg, que escribió casi para su propio placer, y de éste dudo. 11.5 Por eso respeto a los músicos demasiado populares, a los músicos comerciales, y a las bandas de covers. 11.6 Porque ya hay algo muy complejo en hacer cualquier cosa “bien”. 11.7 Crear doscientas melodías relativamente agradables y diferentes con tres o cuatro tonos y siete notas, como hizo el Palito Ortega, tiene algo de bastante difícil y trabajoso. 11.8 Como los primeros ejercicios del Eschonberg.

12 Dejemos de pensar. 12.1 Qué estamos diciendo?
12.2 Que no hay un punto exacto en donde comience el rey y termine el caballo. 12.3 No hay un punto exacto en el que se comience a pensar, y uno donde dejemos de pensar. 12.4 No hay un punto. 12.5 Estamos negando la existencia del punto de Euclides y de las palabras, no sé de quién serían, del día y la noche, del norte y del sur, como entidades independientes, principales, extrínsecas.

13 No hay un punto. 13.1 Como no hay un punto en que sepamos, en un imaginario Rey Enrique que cabalga hacia su libertad en un caballo que justo pasaba por ahí, qué pulgas son del caballo y cuáles podemos llamar del señor don Rey. 13.2 Como tampoco podríamos separar perfectamente su Real Transpiración de la del caballo, y, para ser totalitarios en algo: 13.3 tiene usted TODA la razón, no hay en ello NINGUNA utilidad. 13.4 No habría, diremos, porque ya sabemos que el caballo no existe, no vendrá, el rey, que está vivo y quiere regalar su real naturaleza, perdón Suárez, su real condición, perdón Suárez, su condición casual, para que le regalen, perdón Adam, un caballo, más allá de lo bueno de la oferta y de lo inexorable del mercado no verá satisfecha esa condición. 13.5 Pero ya lo hemos dicho: 13.6 como siempre en la literatura, no sabemos si el rey pronunció o no esa sentencia por la que lo hemos traído a retorcerse en estas líneas, o si ella se le ocurrió al Chéspir, y ni siquiera sabemos si el Enrique está muerto y si era inglés, que ya podría ser el Obama, yo no lo he visto nacer, o el Osama o el Holandés errante, yo no lo he visto morir, y lo que se dice ver, coño, he visto Matrix. 13.7 Cuidado. 13.8 Ni de los ojos nos podemos fiar, que la información siempre es mediata y mediada. 13.9 Tanto que estas cosas, que pensaba guardármelas secretas, como el Eschonberg el placer de su música, ahora las voy a publicar simples por ahí, para que tantos puedan leerlas, sólo para joder a la Cia como ellos lo han venido jodiendo al Pekadic, que soñando estará en su cielo con ovejas eléctricas.

14 Pero volvamos a pensar, que las palabras son demasiado, destruyen de tanto ayudar lo que quisiéramos construir o mentir por un ratito. 14.1 Lo que estamos diciendo, o tratando de decir, es como si por la misma naturaleza de las palabras no existieran las palabras. 14.2 Como si por la misma naturaleza de “el ADN” no existieran los ADN, ni ningún ADN como objeto separado. 14.3 Estamos buscando la Nube, Iching, o buscando la Tierra. 14.4 Pero también estamos buscando el rayo que las conecta, el salto cuántico, la necesidad que le da a cada una lo que estaba en la otra, en un sentido, como se lo daría en el inverso llegada la revolución. 14.5 Que si los carapálidas asiáticos hubieran sido más morenos y los egipcios más blancos, la cosa hubiera sido igual, Egipto hubiera sido el cielo y la Arabia y el Asia la tierra de los trabajos pendientes. 14.6 En esto la simetría es ley y la asimetría es apenas circunstancia, alto o bajo de las olas en el mar, casual. 14.7 Lo que va siendo va demarcando, lo real va sucediendo y las bolillas caen como quieren, no como deben, y una vez que han caído hay que fumárselas. 14.8 Como quieren los dioses, dijeron los antiguos, para apaciguar a los niños. 14.9 Estos abuelos.

15 Volvamos ahora a nuestros ejemplos iniciales de congruencia.

16 La simetría, decíamos, no es total. 16.1 Más allá de las diferencias cuantitativas de las historias 16.2 (el reino de Inglaterra tenía un valor más grande y más impreciso que la corbata del señor Varela, el caballo también valía menos que el papel higiénico, si los medimos típicamente y cada uno en su momento relativo de la historia humana; además el señor Varela es alto y barbado, en tanto el Enrique era tal vez menos garboso), 16.1 cualquier pretensión de supersimetría de los argumentos se pierde en cuanto al desenlace. 16.3 Hemos de notar que este no es un accidente que carezca de compañía: 16.4 es un caso muy americano el del señor Varela, que hace un sacrificio pero logra concretar su negocio y seguir vivo y culiando.

17 Otros ejemplos de este modo son el mito prometeico, donde el mediodiós 17.1 (o sea un mestizo, notemos el fenómeno del crossover tal como se da en Mose, en Hunahpu-Ixbalanqué, en Buenos Aires, en el Río Grande, justo por citar) 17 que robó el fuego divino para beneficiar a los hombres termina encadenado eternamente a una piedra mientras un cuervo le come el hígado hasta el fin de lo que no termina. 17.2 En una versión cakchikel, americana, los cakchikeles no aceptan ofrecer las entrañas de sus jóvenes para conseguir el fuego como hacen otras tribus, sino que se transforman en murciélagos, pasan volando de noche y se roban la tecnología sin ser castigados. 17.3 Otra vez el “héroe” permanece, sobrevive, triunfa sin morir. 17.4 No resurrección necesaria.

18 Ya que estamos, y para abundar el tipo emparejando de paso las citas, la madre de Hunahpu e Ixbalanque es expulsada de Xibalbá para ser muerta, y luego maltratada por su suegra en el mundo nuestro, pero sobrevive a la sentencia y al deseo de muerte que le dedican un lado y el otro. 18.1 Desde quien relata y oye el cuento el mix se mira más como cosa exitosa. 18.2 Se mira. 18.3 Se puede mirar. 18.4 No hay pecado - ni necesidad de decir que no hay pecado, hasta que lo contrario haya sido dicho.

19 Aquí me paro a ver y veo tres elementos en la literatura y en la vida como yo las pienso.

20 Por un lado los ya conocidos y opuestos, el gene como mínimo portador interno de historia de vida y el meme como mínimo portador externo, céntricos ambos, convexos, al ser vivo que los porta y es portado. 20.1 El balance entre ellos, el cambiante balance entre ellos, es el tema del libro de Sagan.

21 Por otro lado está lo fenomenológico o fenológico, que también ha sido mirado, pero no en este juego, y me permito introducir entonces un tipo negativo, cual molde de una cosa, equiparable sin embargo a los otros dos como jugador necesario. 21.1 Gene, fene, meme.

22 El fene es cóncavo, es más como el universo acunando al ser vivo. 22.1 Su minimidad, unicidad, puede ser discutida, ya que se configura por la circunstancia, por lo hueco, por lo vacío, por la nada: 22.2 una palabra es de alguna manera el exacto espacio que le dejan las demás palabras, ningún idioma hay que tenga todas o muchísimas palabras iguales, y en esto puedo llamar en mi apoyo a cualquiera, al Ortega, y Gasset, al Bacon, al Adrián Paenza, al Juan Ramón Jiménez, al Esra o al Asimov, pero me quedaré probablemente con el Eschonberg, tan sólo porque ya lo había nombrado, ponele.

23 El fene. 23.1 Se nos objetará su unicidad y su carácter de mínimo no siendo como no es “una” cosa, pero como casualmente ya hemos cuestionado líneas arriba esa misma condición en genes y memes, nos quedaremos tranquilos, como si tal cosa. 23.2 El fene es para nosotros justamente lo que da la ilusión de unicidad a gene y meme. 23.3 Es la mirada que nos permite cortar el texto universo en puntos o cuerdas, palabras, fragmentos, que no existen de otro modo. 23.4 Como se corta la lengua en palabras y frases, la vida en vidas, la materia en “partículas”, nótese que en nuestra lengua llamamos partícula a las partículas, como si fueran no cosas independientes sino pequeña-parte-de-algo, llamamos personas, que es máscara-que-se-repite-de-un-actor-a-otro, careta-que-amplifica-las-palabras, a las personas, y decimos que educar es “construir la cara-el corazón” de la gente. 23.5 El fene es la relación entre el poco y el resto, que como bichos complejos, siempre somos, sin ser todo, más bien un resto mirando al poco. 23.6 Hay algo circular, hiperesférico en la vida y en la lengua. 23.7 Hay así algo rústico y equivocal en decir “pensamiento lateral”, algo torpe y frontal en esa intención de abandonar la misma frontalidad.

24 El fene es la cuna, el modo en que el contexto nos escribe, lo incidental al tipo, típico y eficiente pero que no puede o no conviene relatarse como gene ni como meme. 24.1 La danza de todas las palabras donde aparece, mágica y obvia, según sea ud más o menos inteligente o más o menos idiota, una palabra. 24.2 La danza de la vida, sea ud un Enrique, un caballo, real o necesario, un Varela quién fuera. 24.3 Lo que le da forma al objeto, que en este caso sería tal vez sujeto. 24.4 La incidencia de las cosas – 24.5 inconexas sin la incidencia misma. 24.6 La incidencia también de las cosas secuenciales u organizadas, conexas más allá del ser vivo - 24.7 el agua, la luz del sol, el agua que rodea una isla, diría Haushoffer, el lago sobre la montaña, diría el Iching, el castillo sobre la montaña sobre el lago, diría el Pekadic, una montaña, el hambre, el frío, las ganas de ir al baño.

25 Después sigo. Ahora me voy a tomar un vaso milenario de chocolate. Grandote.



Marcelo Donadello
13.0.3.16.12

El b̶u̶s̶c̶a̶d̶o̶r̶ rebuscador

Chelo Dona·Sábado, 10 de diciembre de 2016·Tiempo de lectura: 4 minutos

(El texto original es de Jorge Bucay. Me permití adaptarlo un pelín, espero que él no se enoje -si no tendrá que descontar tiempo de su libreta)

Un día un b̶u̶s̶c̶a̶d̶o̶r̶ rebuscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir.

Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.

De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.

El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que lo guiaran sus ojos, que eran los de un b̶u̶s̶c̶a̶d̶o̶r̶ rebuscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … "Abdul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días". Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar…

Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía "Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas". El b̶u̶s̶c̶a̶d̶o̶r̶ rebuscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida.

Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba los 25 años.

Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. - No ningún familiar - dijo el b̶u̶s̶c̶a̶d̶o̶r̶ rebuscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños y jóvenes muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?

El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre.

Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan un celular, como este que tengo aquí, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, toma el celular y le saca una foto, la edita un poquito y la sube a Instagram. ¿ Dónde conoció a su novia y se enamoró de ella? En Facebook, en Pinterest? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de chatear con ella?…Una semana?, dos?, nueve semanas y media?… Y después… el video del primer beso ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos?, ¿Una hora? ¿y los clips de la fiesta de despedida de soltero…?, ¿y las fotos del viaje más deseado…?, ¿y el videollamado con el hermano que no vuelve de un país lejano…? ¿Cuánto duró el registrar estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así vamos registrando en la web cada momento. Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre bajar los resúmenes de facebook y google, y sumar el tiempo de lo navegado en las redes sociales, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido...


//El cuento original es de Bucay, que espero esté de acuerdo con el trasandino Neruda en que el arte es pal que lo ande necesitando.

En cuanto a gOOGLE, Facebook, Instagram, Pinterest, pertenecen a sus respectivos dueños. Nosotros también.

LAS DOS ERIS

Nietzsche menciona un texto recogido (quizá inventado?) por Pausanias, como prólogo de una copia de “Los trabajos y los días” (Hesíodo), donde se cuenta que Eris, la diosa de la Discordia entre los mortales, no es una sino dos.

La cita de Pausanias: “…Dos diosas de la discordia hay en la tierra. Una de estas diosas merece tantas alabanzas de los inteligentes como la otra censuras (…) Una de ellas predica las disputas enconadas y la guerra, ¡la crueldad! Ningún mortal puede soportarla, y sólo se le tributa culto bajo el peso de la necesidad y por el decreto de los inmortales.

Esta, como la más vieja, engendra la negra noche; pero la otra fue puesta por Zeus, que dirige los destinos del mundo, sobre las raíces de la tierra y entre los hombres, porque era buena… … se encarga de impulsar al hombre desdichado al trabajo; y cuando uno ve que el otro posee la riqueza de que él carece, se apresura a sembrar y plantar y proveer su casa; el vecino rivaliza con el vecino, que se afana por el bienestar de su casa.

Buena es esta Eris para los hombres … el alfarero odia al alfarero y el carpintero al carpintero, el mendigo al mendigo y el cantor al cantor” (Quién sabe quién) El comentario de Nietszche: “Aristóteles no sentía ninguna repugnancia en aplicar estos versos a la buena Eris. Y no sólo Aristóteles, sino toda la antigüedad pensaba sobre el rencor y la envidia de otra manera que nosotros, y participaba de los sentimientos de Hesíodo, que consideraba como mala aquella Eris que arrojaba a los hombres los unos contra los otros en luchas hostiles y destructoras, y al mismo tiempo alababa a otra Eris que alimentaba el celo, el rencor y la envidia entre los hombres, pero no los lanzaba al hecho de la destrucción, sino al atletismo. El (antiguo) griego es envidioso y consideraba esta cualidad, no como una falta, sino como el efecto de una divinidad bienhechora. ¡Qué abismo ético entre ellos y nosotros!” (F Nietzsche)

La diferencia que en el escritor original se percibe muy claro, y no sé si es tan simple en Nietzsche: el primer caso habla del impulso de uno cuando quiere asemejar el entorno a sí mismo eliminando elementos a los garrotazos, el segundo cuando uno considera que puede mejorarse a sí mismo imitando selectivamente a su entorno.

Vuelven las lluvias - LBodoc

—Será mañana —canturreó Vieja Kush cuando escuchó el ruido de los primeros truenos. Dejó a un costado el hilado en el que trabajaba y se acercó hasta la ventana para mirar el bosque. No sentía ninguna inquietud, porque en su casa todo estaba debidamente dispuesto. Días atrás, su hijo y sus nietos varones habían terminado de recubrir el techo con brea de pino. La casa tenía su provisión de harinas dulces y amargas, y su montaña de calabazas. Los cestos estaban colmados de frutos secos y semillas. En el leñero había troncos para arder todo un invierno. Además, ella y las niñas habían tejido buenas mantas de lana que, ahora mismo, eran un arduo trabajo de colores apilado en un rincón. Como había sucedido en todos los inviernos recordados, regresaba a la tierra de los husihuilkes otra larga temporada de lluvias. Venía del sur y del lado del mar arrastrada por un viento que extendía cielos espesos sobre Los Confines, y allí los dejaba para que se cansaran de llover. La temporada comenzaba con lloviznas espaciadas que los pájaros miraban caer desde la boca del nido; las liebres, desde la entrada de sus madrigueras y la gente de Los Confines, desde sus casas de techo bajo. Para cuando las aguas se descargaban, ningún ser viviente estaba fuera de su refugio. La guarida del puma, las raposeras, los nidos de los árboles y los de la cima de las montañas, las cuevas subterráneas, las rendijas del cubil, las gusaneras, las casas de los husihuilkes, todo había sido hábilmente protegido según una herencia de saberes que enseñaba a aprovechar los bienes del bosque y los del mar. En Los Confines, las Criaturas afrontaban lluvias y vientos con mañas casi tan antiguas como el viento y la lluvia. —Será mañana que empezarán las aguas —repitió Kush. Y enseguida se puso a tararear entre dientes una canción de despedida. Kuy-Kuyen y Wilkilén fueron hasta el calorcito de la revieja. —Vuelve a empezar, vuelve a empezar con nosotras —pidió la mayor de sus nietas. Kush abrazó a las niñas, las atrajo hacia sí, y juntas recomenzaron la canción que entonaban los husihuilkes antes de cada temporada de lluvia. Cantó la voz cálida y quebrada de la raza del sur; cantó sin imaginar que pronto se harían al mar los que traían el final de ese tiempo de bienaventuranza. Ellas cantaban esperando a los hombres que de un momento a otro aparecerían por el camino del bosque con las últimas provisiones. Vieja Kush y Kuy-Kuyen lo hacían al unísono, sin equivocarse jamás. Wilkilén, que sólo llevaba vividas cinco temporadas de lluvia, llegaba un poco tarde a las palabras. Entonces levantaba hacia su abuela una mirada grave, como prometiendo algo mejor para la próxima vez. Las husihuilkes cantaban hasta pronto… Hasta pronto, venado. ¡Corre, escóndete! Mosca azul vuela lejos porque la lluvia viene. Padre Halcón protege a tus pichones. Buenos amigos, bosque amado, volveremos a vernos cuando el sol retorne a nuestra casa. Los tres rostros que miraban desde la casa eran de colores oscuros en el cabello, la piel y los ojos. La raza husihuilke se había forjado en la guerra. De allí la dureza de sus hombres; y de las largas esperas, los esmeros de sus mujeres. Los corales del mar enhebrados en las trenzas, engarzados en brazaletes y collares o ceñidos a la frente, eran el único bien que realzaba las vestiduras de las mujeres husihuilkes: túnicas claras que bajaban de las rodillas, sandalias y, según la estación, mantos de hilo o de lanas abrigadoras. Así lucían ahora la abuela y sus dos nietas, generosas en la belleza de su raza. —¡Los lulus, allí están los lulus! — gritó Wilkilén—. ¡Vieja Kush, mira los lulus! —¿Adónde los ves tú, Wilkilén? —preguntó su abuela. —¡Allí, allí! —y señalaba con precisión un gran nogal que crecía a mitad de camino, entre la casa y el bosque. Kush miró. En verdad, dos colas luminosas se enroscaban y se desenroscaban al tronco, como pidiendo atención. Una era de color rojo y otra era apenas amarilla. El color indicaba el tiempo de vida de los lulus, más viejos mientras más blanca la luz de sus colas. La anciana husihuilke no se sorprendió. Los lulus venían en busca de tortas de miel y calabaza, igual que cada atardecer de la buena estación desde el día de la muerte de Shampalwe. Kush puso dos tortas tiernas en una cesta, salió sola de la casa y tomó el camino del nogal para dejárselas allí y regresar. Ellos nunca le hablaban, no lo habían hecho en los cinco años que llevaban sus visitas. Los lulus no hacían amistad con loshombres y siempre que les era posible, huían de su presencia. En esas ocasiones abandonaban la posición erguida y corrían, veloces, sobre sus cuatro patas. Pero si eran sorprendidos en medio del bosque, los lulus permanecían inmóviles, con la cabeza agachada y las pezuñas agarradas a la tierra, hasta que el hombre se alejaba. Sin embargo, y a pesar de la mala amistad, fueron los lulus los que trajeron a Shampalwe hasta la casa, ya casi muerta por la mordedura de una serpiente, y la depositaron suavemente junto al nogal. Esa fue la primera vez que Kush vio de cerca los ojos de un lulu. «No pudimos hacer más por ella», así le habían dicho esos ojos. Ahora Vieja Kush marchaba a enfrentar una mirada parecida. La revieja había depositado la cesta en el suelo y se disponía a volver con las niñas cuando el soplido de uno de los lulus la detuvo. Se rehizo del asombro y giró de inmediato, temiendo un ataque. En cambio, se encontró con los ojos del lulu de cola amarilla. La miraba igual que aquel lulu la había mirado el día en que murió Shampalwe. Kush supo que se avecinaba otro dolor, y lo enfrentó con la serenidad aprendida de su pueblo. —¿Y ahora qué sucederá? — preguntó. El lulu se quedó en silencio. Sus grandes ojos llenos de presagios. —Háblame, hermano lulu —rogó Kush—. Dime lo que sabes. Tal vez podamos remediar algo todavía. Pero el lulu giró hacia el bosque y se alejó de allí en cuatro patas. El más joven, ajeno a la preocupación, no se resignó a malograr el festín. Sacó las tortas de la cesta y, recién entonces, corrió tras su compañero. Kush desanduvo muy despacio el trecho que la separaba de la casa. Mientras regresaba, le pasó por el alma ensombrecida, todo enterito, aquel día lejano en que murió Shampalwe y nació Wilkilén. Shampalwe se había desposado con Dulkancellin poco después de la fiesta del sol. Venía de WilúWilú, una aldea cercana a las montañas Maduinas. Tenía el corazón más dulce de cuantos corazones latieron en Los Confines. —Cuando canta se ven crecer los zapallos —le gustaba decir a la gente que la conocía. Después hubo años buenos. Dulkancellin salió a cazar con los hombres de la aldea, participó en todas las rondas territoriales y regresó de dos batallas entre linajes. Kush y Shampalwe se repartieron las labores y los niños nacieron. Cinco hijos tuvieron Shampalwe y Dulkancellin que fueron cinco risas para Vieja Kush. Primero nacieron dos varones, Thungür y Kume. Muy pronto nació Kuy-Kuyen. Luego Piukemán, el tercer varón. Y en el medio de un verano, nació Wilkilén. Ahora le gustaba a Kush mirarlos despaciosamente, uno por uno, porque de una manera o de otra todos le recordaban la belleza y la gracia de Shampalwe. El día del nacimiento de Wilkilén, Shampalwe dejó los niños al cuidado de la abuela y partió hacia el Lago de las Mariposas. La joven iba a sumergirse en las aguas que devolvían, a las madres recientes, el vigor del cuerpo y la serenidad del ánimo. De allí la trajeron los lulus con el poco de vida que le duró para besar a sus hijos y pedirle a Kush que los cuidara por ella. Y un rato más, para esperar el regreso de Dulkancellin que había salido a cazar carnes sabrosas para celebrar el nuevo nacimiento. En la boca de una cueva, a orillas del lago, una serpiente gris de las que hacía años no se veían por el lugar mordió a Shampalwe en un tobillo. La madre había estado cortando unas flores que tenía entre sus manos cuando los lulus la hallaron. —Flores que no nacieron de semilla… Trampas de la serpiente — masculló Kupuka. El Brujo de la Tierra intentó recobrarla para la vida con las medicinas del bosque y de la montaña. Pero ni los remedios de Kupuka, ni la juventud de Shampalwe, ni siquiera el ruego de un hombre que nunca antes había rogado; nada consiguió salvarla. Murió ese mismo día mientras atardecía en Los Confines. Fue por eso que Kush había pedido a los lulus que vinieran por un obsequio, cada atardecer en que fuera posible andar a la intemperie por esas tierras. —Así nosotros vamos a agradecerles, y ustedes van a recordarla —les dijo la anciana. Los lulus partieron. Kupuka partió. Dulkancellin disparó sus flechas a las estrellas. Y al amparo de Kushlos niños siguieron creciendo. La anciana escuchó risas lejanas. Kuy-Kuyen y Wilkilén estaban riéndose de ella que, de tanto recordar se había quedado absurdamente inmóvil un paso antes de la puerta y con un brazo extendido. —Ya está bien… Hay que seguir trabajando —Kush entró a la casa fingiendo un enojo que nadie le creyó. —¿Vieja Kush, qué pasó con los lulus? —preguntó Kuy-Kuyen. Herencia de su madre la facultad de ver profundo. —¿Qué podría haber pasado? — contestando así, Kush quería convencerse a sí misma—. Nada… Nada. Wilkilén habló a su manera: —De que te cantaron la canción linda, abuela Kush. De los lulus… que yo también sé cantar —trataba de soplar como ellos y daba saltos cortitos sobre un pie y sobre otro. La pequeña Wilkilén había heredado de su madre el don de la alegría. Antes de que la abuela pudiera dar la orden de regresar al tejido, llegaron hasta la casa voces familiares. Dulkancellin y sus hijos varones regresaban del bosque. Traían algo más de leña, hierbas aromáticas para quemar en las largas noches de contar historias y una liebre, la última de la temporada, que comerían apenas Kush la cocinara. Los hombres no fueron directamente a la casa. Antes guardaron la leña nueva junto con la restante, cuidando separarla por tamaño. Enseguida se dirigieron hasta una construcción de pared baja y circular, levantada con piedras de las Maduinas. Aquel era el lugar donde lavar sus cuerpos y frotar un aceite liviano sobre los rasguños que traían del bosque. El primero en entrar fue Dulkancellin. Detrás de él lo hicieron sus tres hijos. Afuera, la noche se cerró. Los grandes árboles hincaron sus raíces en la tierra. El viento llegó arrastrando una bandada de cuervos, y se metió en lo oscuro. (Comienzo de “Los días del Venado”, Liliana Bodoc)

De Calabazas

Dice García Márquez que los mayas tenían en tanto a las palabras, a los nombres de las cosas, que hasta tenían un dios para ellas. Probablemente ese (lindo) texto de García Márquez esté medio errado: dudo que los mayas tuvieran dioses, en el sentido en que los cristianos dicen dioses. Incluso me atrevería a dudar de que tuvieran lo que un cristiano llama “palabras”. Pero no deja de ser un lindo texto garciamarquiano. El que sigue –no es de él, ni mío- también es lindo. «Durante el mes de Yaxk'in comenzaron a prepararse para un gran festival, el Yolob u zab kam yak, o Festival de la Administración del Azul, que se realizó en Mol. Después que se reunieron en el templo y realizaron las ceremonias y quema de incienso que hacen en otras fiestas, se pusieron a pintar de azul todas las cosas de todas sus actividades, desde los sacerdotes hasta los husos de las mujeres y las columnas de madera de sus casas. Para esta fiesta reunieron a todos los niños y niñas de la ciudad; y en lugar de sahumados y ceremonias, le dieron a cada uno de ellos nueve golpes leves en el dorso de las articulaciones de las manos; para las niñas, los golpes fueron dados por una anciana, vestida con un vestido de plumas, que las llevó allí, y por este motivo la llamaron Ix Mol, es decir, la conductora. Les dieron estos golpes para que pudieran convertirse en trabajadores hábiles en las profesiones de sus padres y madres. El final de esta ceremonia fue un buen banquete de borrachos, habiéndose comido las ofrendas, aunque hay razones para creer que la anciana devota se llevó consigo los medios para emborracharse a su propia casa, no sea que perdiera en el camino las plumas propias de su oficio» Quien así bonito lo cuenta, porque lo vio en el mil quinientos tanto, es Diego de Landa, obispo evangelizador de Yucatán. En el siglo XX esta ceremonia «todavía se practica en muchas comunidades», nos dice Villa Rojas. Detalles que quizá se le pasaran –o no le contaran- al obispo Landa: En el moderno Hez Mek le dan a probar al niño un huevo (“he”, palabra que también significa “abrir”), para que “se abra o despierte su comprensión”; un “caya”, para que aprenda a dividir (“xay”) sus pensamientos y “que sepa ver los dos lados de todo”; le dan “k 'ah”, (ananá), “para darle buena memoria [k'ah]” y le dan semillas de calabaza, “top”, “para hacer florecer su inteligencia” [top'ol]. Quizá el obispo Landa, quemador de indios, de herejes y de códices, no vio estos detalles, o los consideró insignificantes, cuando registró con lindo estilo los recuerdos del antiguo Yucatán. Quizá no se los contaron por las dudas – esta gente, que juega con las palabras como si fueran tzicli, es tan tímida a veces. Semillas de calabaza para todos y todas. • Landa: (Landa, “Relación de las cosas de Yucatán”; Tozzer 1941 p158-159); (Villarojas, 1945, p145) • Hets-mek: (Mendez 1921: 187; Thompson 1930: 110-111; Pacheco Cruz 1934: 62-63; Redfield y Villa Rojas 1934: 188-190; Villa Rojas 1945: 144-145) • Pobres Schellas, Thompson, Schelle, Taube: los dibujos que identifican como dios A, dios B, etc, ya eran percibidos como dibujos de “actores” por Fewkes en 1893. Dona, 13 Dic 2018

Ayer vino Alguien a tomar unos mates.

Lo prometió un par de veces este último par de pares de años, ayer saludó por messenger y simplemente apareció.

Pienso en Alguien como en un duende.

Él aparece una cosa completamente vulnerable, inofensiva, intemporal. Dudosa. Lo es y no lo es.
Es sabio, es imperfecto, es titubeante. Está lleno de heridas y de imprecisiones cuando habla, cuando mira, cuando toca. Puede estar sentado o parado frente a tí, pero siempre parece estar en cuclillas y en un rincón.

Nos saludamos, nos contamos cómo van nuestros proyectos, algunos que a los tumbos más que a los caminos. De música, de imagen. De bandas. De las personas queridas. Del dinero.

Le conté que para mí, así como Tollan es Caña y es Multitud, el Mar de las Cañas, que los ignorantes y los descuidados llaman rojo, es en la Biblia y ante Moisés una inconfundible multitud humana. Que se abre ante un Hijo por memoria de su Padre.

Fue lo único que hablamos de política: política internacional egipcia antigua, vista desde la logografía mexicana.

Me dijo de su estudio, miró el mío. No hablamos de fútbol, ni del dólar, ni del market-thing ni de la revolución sojomarxiana. Hablamos de otros estudios y de otros tiempos y de otras personas. Del sonido del viento en la puna. De Missa y de la sal cuando no está en un frasco ni en la comida.

De repente me miró a los ojos desde esa profundidad adonde vive su corazón, que siempre me causó una especie de gracia y de respeto. Me dijo "Es difícil, lo sé. Por experiencia propia. Yo estoy en eso."

Yo no le había preguntado nada. Creo. Completó (?) la idea con la idea contraria, que no lo era.


"Parece difícil, pero es fácil. Generalmente... la luz está donde se ve más oscuro".

"Donde es más duro, donde más se resiste, ahí está la clave. Ahí hay que ir. Hay que trabajar, ir a ese lugar y ordenar una cosita pequeña, imperceptible, sin tocarla. Ordenar mirando el desorden. Todo se ordena."

Calentamos la pava tres veces más; miramos mi TLM tan sincero que espanta, su Zoom con seis orejas, mi luminoso 28mm, las páginas de siempre y nunca; hablamos de lo imposible del sueño de los despiertos, de la traducción de Khayam; de las almendras, de dos gotas del mar de las tormentas, y se fue.

# Gracias Colorincheando por el duendecillo y su foto.

Federer sonrie

Federer sonríe (2009)

Roger Federer sonrie, despues de varios años de seriedad.
Te diste cuenta? Mira las fotos, las conferencias de prensa... Es un hombre mas feliz.
Quizas se saco la presion de ser el numero uno.

O quizas es algo mas simple. A el le gusta jugar al tenis.
Ahora, a veces, algunos le devuelven la pelota.Si ganar es lo mejor de jugar, y perder lo peor, ganar siempre no es ni siquiera jugar...

El escapista

Pasé mi vida intentando huir. Cada pared que horadaba me tomaba meses, y sólo hallaba otra habitación terminada en un muro similar. Otra vez meses de uñas arrancadas, de desarmar piedras con mis solas manos y mi boca destruida.

Cuando desesperaba de todo, llegué a una pared diferente.
Miré las enormes losas, toqué una. Cedió hacia fuera. Viento, luz, la sensación del exterior. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Toqué la losa de al lado. También cedió, se abrió. Luz. Cielo. Libertad. Esta emoción que nunca había sentido.

Así pasaré el resto de mi vida: abriendo las puertas de una cárcel imposible, por primera vez libre como nadie y, como nunca, por primera vez, infinitamente preso.

Dona
Tres y algo A.M., 12.19.16.15.0  (en cristiano, 08.11.2009)