miércoles, 8 de enero de 2020

Subtitle workshop


Es un garrón ver una peli con los subtítulos corridos. Por suerte uno puede desactivarlos y tratar de pescar algo de ese inglés que los griegos no hablaban.


“Por qué me preguntás quién soy?
Si los hombres somos
Como las hojas pasajeras
Que el viento esparce en la tierra
Mientras la primavera pinta otras nuevas en el bosque”

Homero, tirando unos versos hace 2500 años. 


Troya. Está buena la peli. 

El desafío de reconstruir la literatura como película implica destruir partes de toda esa belleza, para construir un nuevo todo que sea también bello. Como hace el bosque con las plantas y las hojas. El guionista también lo hace y muy bien.

Construye un Héctor maravilloso; un tipo re piola, que en vez de tirar al p3lotudo del hermano al Mediterráneo, como merecería, le hace el aguante hasta su propio final. 

Si a uno le dan ganas de darle también un abrazo, mientras lo llama a los gritos Brad Pitt para matarlo. 

No es el Héctor de los clásicos, éste es casi perfecto; el único personaje que me recuerda ese arco argumental es Xicontecatl Junior. Pero dudo que Jolibut supiera de un lugar tan lejano como México. Y Xicontecatl Chico es histórico, de carne y hueso. Lo separan de nosotros apenas 500 años y una edad de piedra, una que todavía no hemos alcanzado.

Otro pero: tienen algo, mucho, tanto, muy real estos tipos cantados/contados por los antiguos. 
Puestos en una situación, mantienen terreno, -como Héctor frente a Aquiles, o Paris frente a Menelao, no afrontan las batallas porque sepan que las van a ganar. Al contrario, ambos saben que las van a perder. Los van a matar. Lo hacen porque saben que las tienen que pelear. 
Y lo saben con la bellísima lógica del animal que hace lo que tiene que hacer, porque todo su cuerpo, y todas las canciones que escuchó, se lo piden, no porque la manga del corral los oriente hacia acá o allá. 

Estos griegos antiguos eran muy toscos. No servirían para una oficina, no servirían para atender un negocio de 9 a 5 ni para regatear en un mercado. Su poesía les decía otras cosas.

De hecho su poesía no era siquiera la que pone en sus bocas Homero: Homero ya está inventando Grecia, "building gris", como dije porái. Agamenón, Áyax y los otros hablaban muy distinto, probablemente menos, casi un milenio atrás del poeta que los junta y los pronuncia. Homero no puede hacer sino lo que hizo: reconstruye con savia nueva lo que le llega, incompleto, de un pasado lejano.

Los dioses que pone Homero para explicar todo lo que no vio, los saca el guionista del 2004, y sustituye con accidentes comunes o efectos especiales.

Pero en la poesía de Homero está eso de las hojas, todavía.

Cuando una hoja no va más, porque es muy muy vieja, el viento se la lleva; cuando alguna no va más por alguna otra razón, los hombres, las hojas que van, la barren. Xicontecatl, no hace tanto, sabía eso muy bien. Por eso Cortés -una hoja podrida- lo hizo ahorcar. 

Por otro lado, en tiempo de aquellos ganaderos de la Ilíada ya venían tomando forma algunas cosas del corral en que vivimos hoy.

Ulises y Aquiles, los dos héroes principales del bando ganador, según nos dicen los cuentos no querían ir a esa guerra. Fueron obligados por gente más poderosa que ellos. Por ricos y ambiciosos reyes.

Ulises intentó hacerse pasar por loco, sembrando su campo con sal y arando la nada. Le pusieron su hijo delante del arado, él se detuvo para no matarlo. Le pusieron el "APTO" y lo reclutaron.

Aquiles se escondió disfrazado de mujer para no ser levantado. -Le había salido en el horóscopo del diario del domingo que moriría en la guerra en Troya, dicen. Los horóscopos son así, tramposos: en las guerras es habitual que la gente se ande muriendo- Tampoco le sirvió, lo pescaron y tuvo que ir. 

Aquiles es como el Aguirre de Herzog. Se empaca porque los poderosos abusan de él. Y los poderosos se la agarran con él porque es retobau. - El de los libros no es un tipo especialmente agradable, sí es especialmente rápido y fuerte. El de la peli, bueno, es Brad Pit.

Por qué un negro como yo tiene que ir a Asia a matar amarillos, para beneficio de unos cuantos blancos, se preguntará un día Muhammad X Ali, boxeador (y activista musulmán) estadounidense.

Ya vinimos hasta aquí, las armas de destrucción masiva no existen, pero ya que estamo, hagamo.
Entre Aquiles y Ulises resuelven una guerra difícil de ganar. El primero morirá en ella, el segundo perderá el resto de su vida en el regreso a casa.

La muerte prematura de Menelao en la película -ya lo habían hecho viejo, malo y feo, era obvio que lo iban a matar- desarma la formidable escena final, el “vamos a casa” de éste a Helena, la bella traidora. En cambio, junto a un Eneas que sonríe con cara de estúpido mientras huye entre el desastre de su mundo (carita feliz de "voy a fundar Roma, voy a fundar Roma!"), como sacado por justicia geográfica de las aventuras de un nazi desobediente o de la marcha de San Lorenzo, también sobrevive aquí Paris.

Habrá que recrear esa escena final un día en alguna canción (aunque según Eurípides, Menelao se llevaría a su ex-posa con intenciones de matarla al llegar a su país. Hécuba, que de la vida sabe un toco, levanta una ceja, lo mira y le dice: “Que no vaya en tu nave”)

Los descendientes lejanos de esos poetas cambiaron todas esas historias por unos versículos que no entienden, ni les interesa hacerlo. Por unos versos, unas cuentas y promesas deshonestos que les roban la vida a cambio de nada. 

Los descendientes lejanos –muy lejanos- de esos poetas y guerreros, de esos hombres, cambiaron todos esas historias, esos versos, esos reinos de gestas y canciones por un caballo. 
Encima de madera. 
Cómo no van a reventar el mundo.

Es un garrón ver una peli con los subtítulos corridos. Y a veces parece que la historia actual es eso.


No hay comentarios: