domingo, 12 de enero de 2020

El pequeño consejo





Os daré un pequeño consejo.


Sé que no lo pedísteeis, pero es justamente por eso: si lo hubiérais pedido estaríais en el camino, en algún camino.

Sabéis, sabréis, que tengo una pequeña inclinación respecto al problema que os acoge, pero también que no es como soy de Colón de Santa Fe, el equipo del nombre equivocado. Lo que quiero contaros es que no os dejéis garchar por los pequeños problemas.

Juntaos a tomar unos mates o comer unas chorlas, y hablar de cosas que lo merezcan.

Escuchad, leed los clásicos. No perdáis tiempo, y sobre todo el de los demás, repitiendo basura. No os asusanéis, que asusanarse es intrínsecamente no saber que uno se asusana.

Leed, escuchad, imaginad o inventad la historia de cómo Caperucita se fue de conga, y cómo el lobo era rumiante.

Cómo Menelao-Boabdil volvió del super y se encontró sin su chica, y lo que le resultó peor, sin su amante, entonces dedicó diez años a destruir una ciudad, mientras despoblaba la suya por veinte.

Cómo Moses, el hijo putativo de Tutmoses, abrió a la multitud con su presencia, y los ignorantes y los irrespetuosos llamaron y aún llaman aguas a las cañas y cañas a las gentes y mar rojo a un mar azul, amarronado un poco, pero nunca rojo.

Cómo la hija del rey Huemac vio a ese huasteco, ese desnudo vendedor de chiles verdes, y quedó prendada de su miembro viril, y se enfermó de pasión, y su padre de ella removió cielo y tierra hasta encontrarlo, qué padre no ama la salud de su hija, «"Ah tobueyo, ¿dónde os andaste? ¿Por qué no os ponéis máxtlat (taparrabo) y no os cubrís con manta?” Y le respondió el dicho tobueyo diciéndole “Señor, tenemos tal costumbre en nuestra tierra”, A lo que el señor le replicó al tobueyo “Vos antojaste a mi hija. Vos la habéis de sanar” El tobueyo le respondió; “Señor mío, en ninguna manera puede ser esto, más matadme, yo quiero morir porque yo no soy digno de oir estas palabras, viniendo aquí a ganarme la vida vendiendo axis verdes”. Entonces dijo el señor: “Por fuerza habéis de sanar a mi hija”»

 Leed los clásicos. Escuchad al Cholo Montironi.

Ved fulbo, o jugadlo si aún os dan las tabas.

Juntaos, comed algún asadito, anquesea unos choris o pollo loco. Concentraos en las cosas importantes.

Si no lo hacéis, si no escucháis a les Hombres, podéis caer en el terraplanismo, el tinellismo, el susanismo, el veganismo, el cristianismo, el froidismo, el nazismo, el sionismo, el budismo, el lleísmo o el hipertiroidismo, y hay cosas aún peores, quién sabe los monstruos que esperan en el borde plano de una cabeza chata. Hasta incluso podríais haceros de Unión.

 Se os negarán hasta las puertas del infierno. Y Charly y la Patria Oslo demanden.

* Tobueyo, nombre que los mexica daban a los huastecos, es interpretado tradicionalmente como como "nuestros vecinos", o "nuestro prójimo".
Pero la partícula central podría ser "huentli" ("nuestra ofrenda"), o bien la expresión completa derivar de "tohueyo", que literalmente es "nuestra grandeza" -o ambas cosas, conociendo a los mexicanos- y tener otro sentido, mucho más anatómico y autodescriptivo.

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