jueves, 23 de enero de 2020

Te robaré un color




(De las metáforas, de Pessoa, de Guarany, de Spinetta)

I

“Lo que se ama no se entiende, y tampoco se entiende por qué se ama, porque amar es algo que no se entiende”. Fernando Pessoa.

“Una metáfora es algo que no se entiende”, le dijo una amiga mía a su hija, otra amiga mía, que entonces era pequeña. No está tan lejos de la verdad de Pessoa. Lo que se “entiende” carece de magia. 

Lo que se ama y lo que se entiende van por diferentes mundos.  

En  el mundo “que se entiende” das, recibís, intercambiás, engañás o sos engañado.

En el mundo de lo que se ama pasan las mismas cosas pero no tienen dimensión. La aritmética es distinta, imposible. No tiene cálculo, no tiene sentido ni explicación ni signos. El mundo de los afectos mide su riqueza por miradas, por momentos que se comparten, no por lo que “realmente” pasa en ese tiempo.

Pessoa, ese escritor portugués promonárquico y profascista que sirve de modelo a Saramago en “el año de la muerte de Ricardo Reis”, escribe coloridamente hermoso. Ricardo Reis era uno de sus apodos. Su metáfora tal vez:  El Reis de Saramago parece hecho del costado poético de Pessoa, la mitad suya más corazonuda.

Saramago hace que Reis sobreviva un tiempo a Pessoa, cosas de la magia que se permiten los escritores. Porque quizá parte de Pessoa, digamos Reis, hubiera amado tanto al mundo que se hubiera quedado un tiempo más a olfatearlo, a saborearlo, a darle color. El Pessoa “real” simplemente no quiere que le quiten el mundo en que nació. Por eso es fascistoide, monarquistoide, catolicoide. Por eso se muere y ya.

II

Otro creador prolífico de metáforas hermosas es Horacio Guarany.  Tiene mejores, y más profundas, pero ésta es la que me quedo:

“Al alba yo haré en tu pecho una flor – mejor que el jacarandá”   

Esa imagen suya, al final de “Salteñita de los Valles”, siempre me sorprende. Me sorprende el lugar 
donde aparece, me sorprende que ande por los lugares donde anda, me sorprende. Cafayateñita linda, no te hagás la que no oís.

Por ejemplo, escuché ese tema por primera vez en una parroquia cristiana. Lugares donde el sexo está reprimido. Reprimir no significa que nada desaparezca: significa presionar algo, teniendo en cuenta esa ley física de que las cosas no desaparecen, sólo mudan su forma de estar. Reprimir significa apretar muy fuerte, como una represa, llevar mucho a un lugar pequeño. O como un ave de presa tiene a su presa, todavía viva, todavía toda ahí. También la iglesia hace eso con el sexo.

Las flores del jacarandá son entre lilitas, celestes, y blancas. La que promete el Horacio a su guayna salteña no será lila ni celeste, creo. Y lo que más me fascina de esta metáfora es su espalda. Cómo no se la ve. No se la percibe, no se la entiende. Y ahí está ella. Tan expuesta, tan delante de todos como debería.

Guarany promete dar. Le promete a su chica una flor.

III

Y qué decir de Spinetta. También la que primero me viene a la mente es una muy obvia, muy conocida: esa imagen de robarle un color a alguien, por aquello de cambiarle la inocencia o la curiosidad o las infinitas posibilidades por lo concreto de ser, de hacer.

Spinetta a su muchacha de ojos de papel le promete robarle, y le cuenta la maravilla que será.  

IIII

Estábamos en el Hotel que está a la salida de Cañada. Acababa de tocar León, Pancho como invitado. 
Cenando afuera, en el patio frontal, antes de arrancar la vuelta para Rosario.

Adentro había un guitarrista, con unos parlantes y una eléctrica, haciendo algunos temas que interrumpió cuando nos vio. Se arrimó a la mesa y me saludó, lo reconocí: Richard, de una banda rosarinobermudence. Un tipo que tocaba lindo, más lindo que bien -lo cual de mi parte es un elogio-, había estado en USA y de ahí se trajo algunos equipos, unos cuantos yeites y el apodo. Le pidió una foto a Gieco, o un autógrafo, y cantó un tema con toda la mesa, quizá La Colina de la Vida (x? revisar), que al rato alguien subió a las redes. El Richard, sin prometer nada, recibió y dio felicidad con ese ratito de guitarreada entre la comida.

Después de comer llegó el momento de hablar del disco de Pancho. “Y para este tema me gustaría que esté fulano, y mengano en tal tema, y que vos toques en tal…” iba Pancho, mientras Gieco escuchaba y sonreía. Cada tanto levantaba la mirada hacia Taranto, emitiendo información sin hablar: era un subrayado, “escuchá esto”, que quedaba inmediatamente anotado en la compu que Taranto lleva en la cabeza.

En un momento Pancho dice “en tal tema me gustaría que participe Spinetta”. La sonrisa de León se congeló. Volvió la mirada a Gustavo pero esta vez como preguntando “qué digo”.
“Es difícil que Luis pueda, Pancho, ahora está con unos problemas. Por ahora pensemos en los otros invitados”. Uh, dije yo para mí. 

Al rato León contó que Spinetta estaba con algún problema de salud, siempre buscando la complicidad de la mirada de Gustavo como para controlar el momento en que hablaba lo que no quería hablar.

Después nos enteraríamos que León lo ayudó durante esos tiempos tristes; el Flaco, que ahora en "su" día suena en todos lados, no tenía tantas canciones sonando en las radios en ese momento. Y frente al cáncer no hay plata que alcance. Ojalá el amor fuera la única cosa que no admite medidas.  

Cosas raras del tiempo y la conciencia, para mí Spinetta no murió el febrero siguiente, cuando leí la noticia en el diario, sino esa noche.

Durante la vuelta a Rosario los otros no sé, yo me vine mirando la oscuridad por donde saldría el sol. Pensando que en un rato amanecería, pero el amanecer sería una cosa diferente, más triste. Como si de verdad y para siempre hubiera perdido un color.


"Y su banda" - trabajo en progreso. Hay un tiempo para andar los caminos y otro para contar lo que se ha caminado.
La foto fue tomada en las cercanías de Bahía Blanca por Romy Dona. 

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